martes, 11 de diciembre de 2007

Una maravillosa experiencia


Hay ocasiones en que la idea de realizar un FDS, no me entusiasma en absoluto, debo reconocerlo.Principalmente porque me siento cansado, agotado, una veces y, en otras oportunidades, estoy atravesando un desierto. No me siento como el mejor tío espiritual.
Sin embargo, en estas ocasiones, prima mi sentido de responsabilidad: hay personas que confían en mí, que yo estaré ahí brindando algún tipo de apoyo;razón por la cual asisto.
La jornada ha sido extenuante y, en medio del agitado desarrollo, me maravillo por la presencia animosa y alegre de muchos/as de los miembros del equipo, porque descubro que debo estar ahí para aprovechar la ocasión de encontrarme, no sólo con los invitados/as, sino que con aquellos/as de la comunidad menos cercanos a mi persona.
Descubro que se hace necesaria mi presencia para descubrir que yo también fui llamado a vivir este FDS y reencantarme al encontrar en la gente sencilla al Cristo que sale a mi paso y me ofrece el agua del pozo, cristalina y pura, justo en el momento más caluroso de mi travesía.