Al pasar por un campo verde de cuidada hierba, le sorprendió ver docenas de cruces, se acercó y leyó las inscripciones de cada una de ellas: Mauricio, 4 años y cuatro meses; María, 6 años y tres meses; Manuel, 5 años y 2 meses... su corazón hasta ese momento, tranquilo, comenzó a palpitar cada vez con más fuerza mientras el vello de sus brazos se erizaba. “¡Todos eran niños!”, pensó.
En aquel instante, pasaba un lugareño por la senda, el caminante se dirigió hacia él y con la voz temblorosa le preguntó:
- ¿Qué mal acecha a este pueblo que se mueren todos los niños?.
- ¿Los niños?, pregunto el aldeano.
- Sí, he leído las inscripciones y todas las lápidas son de niños.
- No buen hombre, le explico: en este pueblo, cuando nacemos, nos regalan un libretita y un lapicero, ya de mayores, cuando tenemos uso de razón, cada noche, al acostarnos, anotamos en la libretita, el tiempo que, durante ese día hemos sido y hemos hecho felices a alguien. Al morir, un familiar nos recoge esa libreta, suma el tiempo y manda esculpir en nuestra lápida SOLAMENTE, el tiempo que hemos sido felices en nuestra vida, porque ese, es el ÚNICO tiempo que realmente VIVIMOS.
2 comentarios:
Muy Buena historia, siento que cada ves somos menos felices si nos dedicamos a pensar mxo y a vivir de lo que realmente no nos llena.....
Siento que en la madida que nos dispngamos de llenos a cuamplr la voluntad del Padre seremos mas felices y no solos si no con quienes compartimos la felicidad de ser comunidad.
La felicidad es mas que los momentos en que nos sentimos felices, sino tambien en los cuales hacemos felices a los demas, creo que es egoista pensar, que vivimos solo cuando somos felices, nuestra vida tambien vale cuando somos uno con el projimo yambos somos felices en distintas circuntancias......
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