martes, 21 de agosto de 2007

comunidad y libertad.


Cuando se es joven, tal vez lo más anhelado es la libertad. En aras de la misma justificamos muchas acciones que atentan, en ocasiones, contra lo más querido.
En pro del libre albedrío y actuar, nos cegamos a cualquier direccionamiento.
Sin embargo, cuando optamos por seguir a Cristo libremente nos colocamos un yugo suave y llevamos una carga liviana.

Ser en comunidad plantea el doble desafío del ser único e irrepetible unido a otros con idéntica característica y, para que esto se cumpla, necesitamos de alguien que nos aúne; y esto sólo nos lo puede dar Él, Nuestro Señor Jesús.
Pero para tener la certeza de que nuestra visión no es estrecha, debemos tener diferentes visiones. Por eso en una comunidad, es importante la presencia de una persona mayor,(el anciano, el pastor) que nos ermita cruzar más allá de nuestra mirada centrada, casi siempre, en el presente.

Creo que aquellas comunidades de ejistas, que funcionan cerca de los ideales de nuestro fundador,José Forbes, son aquellas que cuentan con Tíos laicos o consagrados, y que además mantienen y aceptan la guía del Pepito.

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