lunes, 22 de enero de 2007

La Muerte de Alguien que Amamos



  • En las comunidades que tengo la bendición de acompañar, entre finales de 2006 y lo que va de este mes, nos ha tocado vivenciar la muerte de una mamá y un abuelo, en dos familias de miembros de nuestras comunidades.
  • ¿Qué decir ? ¿Cómo confortar?. Como jóvenes nos desconcierta algo que parece lejano, que tocará a otros, pero no a nosotros. No en nuestra casa. Nuestra fe se tambalea. Nuestro orden se altera.
  • La pregunta natural que brota de nuestros labios ¿por qué?, deberíamos reemplazarla por un ¿para qué?.
  • Cada vez que alguien muere, viene a mi memoria "el sacramento de la colilla" del libro "Los sacramentos de la vida" de Leonardo Boff (Edit. Sal Terrae) del que les citaré un precioso fragmento que corresponde a una carta que le envió su hermana, comunicándole la muerte del papá ..."Estarás ya en Munich cuando leas estas líneas. Igual a todas las otras, esta carta es, sin embargo, diversa de las demás y te trae una hermosa noticia, una noticia que, contemplada desde el ángulo de la fe es en verdad motivo de alborozo. Dios exigió de nosotros, hace pocos días, un tibuto de amor, de fe y de embargado agradecimiento. Descendió al seno de nuestra familia, nos miró uno a uno, y escogió para sí al más perfecto, al más santo, al más duro, al mejor de todos, el más próximo a él, nuestro querido papá. Dios no lo llevó de entre nosotros, sino que lo dejó todavía más entre nosotros. Dios no llevó a papá sólo para sí, sino que lo dejó aún más para nosotros. No arrancó a papá de la alegría de nuestras fiestas sino que lo plantó más a fondo en la memoria de todos nosotros. No lo hurtó de nuestra presencia, sino que lo hizo más presente. No lo llevó, lo dejó. Papá no partió, sino que llegó. Papá no se fue sino que vino para ser aún más padre, para hacerse presente ahora y siempre, aquí (...) con todos nosotros..."(pág. 28)

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